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    Viganella, el pueblo italiano que tiene su propio sol

    “Lo hice porque no sabía que era imposible”. Esta frase, atribuida a Albert Einstein, podría aplicarse también a los habitantes de Viganella, un pequeño pueblo del norte de Italia que, al estar situado en el punto más bajo de un profundo valle rodeado de altas montañas, cada año quedaba sumido desde mediados de noviembre hasta principios de febrero en la sombra, sin recibir ni un solo rayo de luz solar. Un problema que resolvieron de la manera más ingeniosa y eficaz posible: “fabricando” su propio Sol.

    Recuperando el genio de los inventores y artistas del Renacimiento, Giacomo Bonzani, arquitecto y diseñador de relojes de sol, ideó un espejo gigante que, sabiamente emplazado en el Monte Scagiola, una de las colinas que rodean la localidad, refleja la luz del sol en la plaza del pueblo, un lugar que había permanecido todos los inviernos lejos de la luz y el calor del astro rey desde la noche de los tiempos.

    Fue en el año 2006 cuando se construyó este inmenso reflector de acero bruñido y 40 metros cuadrados de superficie, colocado en la montaña a unos 870 metros por encima del pueblo. Se trata de un complejo invento controlado por un programa informático capaz de rastrear el sol e inclinar los paneles del espejo para redirigir los rayos de luz hacia las calles de Viganella.

    Convertir en realidad este proyecto “imposible” costó cerca de 100.000 €, pero valió la pena. Está demostrado científicamente que la luz solar es saludable para el ser humano ya que modifica positivamente la composición de determinadas sustancias cerebrales. En definitiva, se puede afirmar que la luminosidad natural mejora el estado de ánimo de las personas y que, por tanto, este sol artificial ha conseguido que las vidas de los habitantes de Viganella sean más felices.

    Fotos via: odditycentral.com

    Escrito por Daniel Terrasa el 8 marzo, 2012 | ningún comentario
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