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    Rutas peligrosas: James W. Dalton Highway, en Alaska

    Desde Livengood hasta Deadhorse, a orillas del helado Océano Ártico, en los confines de Alaska. En total, 666 kilómetros de ruta infernal por un desierto blanco, frío y peligroso. Es la Ruta 11, más conocida como James W. Dalton Highway. ¿Puede haber una aventura más emocionante?

    Se trata de una de las carreteras más solitarias de Estados Unidos, una fina línea de civilización que atraviesa un territorio inhóspito. De hecho, sólo hay tres pueblos a lo largo de la ruta, y en dos de ellas la población no llega a los 50 habitantes.

    Sólo algunos tramos de la ruta (apenas una sexta parte del total) están pavimentados. La mayor parte del recorrido se hace pues sobre una pista de grava que en invierno suele estar cubierta de hielo.

    En cualquier caso, la carretera no se cierra al tráfico casi nunca, y cuando lo hace no es por las inclemencias del clima sino por la presencia de osos polares en el camino.

    El turismo es casi inexistente en esta zona de Alaska, así que para lanzarse a recorrer la James W. Dalton Highway hace falta disponer de un buen vehículo y cargar con todo lo necesario, pues hasta llegar al punto final, en Deadhorse, no vamos a encontrar absolutamente nada, a excepción de la estación de servicio de Patton, junto al puente que cruza el río Yukón, en el kilómetro 89.

    A partir de este punto, nos adentramos en un bosque interminable que en invierno se transforma sobrecogedor desierto helado.

    Cien kilómetros más tarde cruzamos el Círculo Polar Ártico y ochenta kilómetros más adelante, por fin un destello de civilización junto a Grayling Lake antes de afrontar el último tramo.

    Y al fin, la última parada: Deadhorse, puerta de entrada a Prudhoe Bay, donde los vehículos privados tienen prohibido el acceso. Fin de la ruta. ¡Hay que dar la vuelta!

    Fotos vía: Alamy

    Escrito por Daniel Terrasa el 3 diciembre, 2016 | ningún comentario
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