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    Ruta por la Selva Negra (2)

    Habíamos dejado nuestra Ruta por la Selva Negra en su momento más álgido… A punto de entrar en el verdadero corazón de la región, la tierra de los relojes de cuco, cuya capital es el pueblo de Triberg.

    Como es de imaginar, proliferan las tiendas de relojes de cuco, claramente orientadas a los turistas. Aquí uno puede adquirir uno de estos simpáticos relojes para su casa, los hay de todos los precios. Quien esté realmente interesado en el tema tiene que detenerse en la casa-museo del reloj de cuco más grande del mundo, del tamaño de una casa. Introduciendo una moneda en la fachada damos inicio a un desfile de figuritas gigantes de soldados y brujas al son de una pianola. Dentro se puede observar el colosal mecanismo del reloj. Hay que pagar entrada pero los visitantes son obsequiados con productos de al tierra y vasitos de schnapps (los chupitos de Alemania).

    En Triberg también son famosas sus cataratas, las más grandes de la Selva Negra, a las que se llega por un precioso camino que recorre el río atravesando una caverna espectacular. Hay que ir con cuidado porque el terreno es resbaladizo y en invierno se forman placas de hielo. Pero precisamente es en los meses fríos cuando más disfrutaremos de esta excursión ya que tendremos la oportunidad de ver la cascada completamente congelada y, si vamos en época navideña, de recuperar fuerzas tomando un vino caliente en el encantador mercadillo que se instala en el pueblo.

    En Triberg y los alrededores hay numerosas casas de huéspedes y hoteles familiares construidos en madera y rodeados de abetos, lugares idílicos para pasar la noche donde se acoge a los forasteros con una hospitalidad que ya se ha perdido en muchos lugares de Europa.

    Hacia el sur, después de pasar por el Kandell (la montaña más alta de la región desde cuya cima se divisan los Vosgos franceses y el valle del Rin),  afrontamos la última etapa de nuestar ruta, que empieza en la preciosa ciudad de Freiburg, la ciudad más grande de la Selva Negra, grande pero acogedora, una parada obligada donde podremos disfrutar, entre otras cosas, de su sólida gastronomía. Si  la comida alemana te resulta demasiado pesada debes probar la especialidad que esta región comparte con la vecina Alsacia francesa: el Flammkuchen, una especie de pizza muy fina con cebolla, bacon y nata. Deliciosa.

    Ya llegando al final de nuestro viaje el paisaje se suaviza y los bosques ceden ante las suaves colinas llenas de viñedos. Sí, esta es también una región de vinos, sobre todo de vino blanco. El mejor mirador para contemplarla es Belchen, una altura frecuentada por senderistas a la que también se llega por carretera. A sus pies, encantadores pueblos como Schonau y Todtnau que merecen también una tranquila parada antes de emprender el camino de regreso a casa, llenos de imágenes inolvidables de la Selva Negra.

    Escrito por Daniel Terrasa el 6 octubre, 2011 | ningún comentario
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