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    Rabbit hole y el proyecto Wonderland: de Barcelona a Tel Aviv

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    Siete artistas reconocidos around the world cogieron ayer un tren desde Barcelona. Destino, Tel Aviv (aunque el punto final lo pondrá una exposición del material recogido en Nueva York). Atravesando Europa y Asia, harán parada en ciudades como París, Berlín y Estambul. Van decididos a demostrar el poder de las coincidencias, de la conexión real, desconectándose de algunos de los referentes actuales que no hacen otra cosa que frenar el sentido de sus vidas. Estarán on board durante dos semanas, dos días por ciudad (consulta el itinerario completo aquí). Un viaje físico y místico, en el que se llevarán a cabo performances de todo tipo, interacciones, y que pretende impactar en los sentidos de 5.000 personas de siete países distintos. No es de extrañar que, con esta buena pinta, se le haya bautizado con el nombre de proyecto Wonderland. Y todo esto ha salido de una madriguera, Rabbit hole, una iniciativa que agrupa a pensadores creativos de distintas partes del planeta. Hablamos con su fundadora, Samina Virani, para este post de Viajes y arte. Texto por Marta Rosella

    De Barcelona a Tel Aviv. ¿Qué haréis por el camino? ¿Alguna vez has estado en un rabbit hole, en una madriguera? Es una caída libre. Qué va a desarrollarse, difícilmente se puede predecir, sin embargo lo que sabemos es esto: misteriosos sucesos empezaron ayer en Barcelona con la crystal ball, una velada íntima interactiva de juegos elaborados con decadencia y performance, y diversión. He tenido la suerte de trabajar en colaboración con el productor de inmenso talento del Teatro de los Sentidos, Carlos Calvo. La ‘bola de cristal’ marca también el inicio de la investigación del viaje. Durante el mismo, en París por ejemplo, estamos trabajando con el festival de arte, 6B. En Estambul, hemos planeado una charla de los artistas en una galería, y un picnic en un ferry a lo largo del Bósforo, parando también en Asia. A medida que desentrañamos más, pensamos menos, con la esperanza de caer en la serendipidity, basándose esta en la improvisación y el ingenio para conectar con las personas que nos encontramos en nuestro camino. En el momento en que lleguemos a Tel Aviv, sentiremos la piel de gallina. Estaremos cayendo, libremente.

    ¿De qué manera podremos estar enganchados a lo que vaya pasando? Para formar parte del viaje, tenéis que poneros en contacto con el white rabbit yendo a la web www.101010n.com. Password: crystals. Aquí podéis seleccionar la ciudad donde os encontráis, y luego responder a una pequeña pregunta. Una vez aprobado por el ‘conejo blanco’, recibiréis un telegrama específico acerca de las cosas que están sucediendo en este lugar donde estáis. También se os enviarán siete tarjetas postales online – una por cada ciudad – en las que el rabbit hole os contará cómo va el viaje. Vídeos, fotos o texto escrito, que desentraña la tesis de la conectividad sobre la que los artistas están trabajando.

    La filosofía del proyecto es desconectar para conectar. ¿Cómo? Tal vez se inicia con la percepción. En cómo percibimos las palabras, conceptos, y la forma en que plasmamos esos discursos en nuestras prácticas de vida y las estructuras de creencias. Conectividad, des-conectividad – las palabras son solamente semántica. Semántica en exceso. En cierto modo, es la burla de las palabras y la forma en que se les da un significado cerebral, sin ser el que realmente contiene. Me gusta jugar con los conceptos, sus significados, incluso crear nuevas. Se trata más de provocar prácticas de pensamiento consciente y una deconstrucción del mismo, siendo cada vez más conscientes de ello. Cada persona tiene una historia diferente, una perspectiva diferente y todo es muy personal. Lo que el rabbit hole hace es usar metáforas lúdicas para deconstruir. Ejemplo: en un mundo que prefiere escribir a hablar, donde pensamos que somos internacionales por estar sentados frente al portátil y donde, gracias a la tecnología, creemos estar siempre seguros de hacia adonde vamos… ¿realmente sentimos que hemos estado conectados alguna vez? Esto puede no significar nada para algunas personas, y tal vez pueda inspirar a otros a deconstruir.

    El concepto de deconstrucción es bastante abstracto. ¿Cómo lo aplicáis a vuestro modo de trabajar? La deconstrucción va sobre ampliar espacios. Hemos puesto sentido a todo lo que nos rodea. Las palabras, objetos, personas, incluso. A veces tenemos que romper las cosas para ver la luz que brilla a través de ellas. El rabbit hole utiliza objetos lúdicos como metáforas sin sentido (ratoneras de plata, zanahorias). Todo ha sido creado para jugar y devolver la ligereza a las cosas, que se han convertido en pesadas ​​a través de la construcción.

    ¿Cuál es, en tu opinión, la barrera convencional más difícil de traspasar? Creo que depende de las historias de cada uno. Lo que almacenan en la memoria de su cuerpo. Es difícil cambiar las cosas que recogemos a través de nuestras experiencias y nuestros recuerdos. A veces, ni siquiera somos conscientes de cómo creamos estas paredes. La religión, condición social, raza, etc. Estas fronteras solamente surgen cuando las experiencias personales que nos han marcado se asocian a estas representaciones, por lo tanto, se les atribuye un significado connotativo. A veces, las representaciones erróneas se enredan con las experiencias.

    Vuestro proyecto se inspira en una fábula. The Conference of the Birds, escrito por el místico persa Fariduddin Attar, es una historia hermosa y simple de muchas aves (peregrinos) que van en un viaje en busca de Simorgh. Son las metáforas.

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