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    Nonseum, el museo de los inventos absurdos

    Nonseum

    La mayoría de museos que existen en todo el mundo acogen obras de arte, colecciones u objetos con un valor cultural que se exponen para su conocimiento general. Existen museos de arte, históricos, de cera, de ciencias y técnica o de historia natural, entre otros, y todos tienen en común que sirven para la conservación de documentos útiles para el ser humano. De alguna forma, esos museos son un reconocimiento a los avances del ser humano a lo largo de su historia. En la pequeña ciudad de Herrnbaumgarten (Austria), sin embargo, hace un par de décadas decidieron crear un museo para acoger todos esos inventos que jamás tendrían cabida en el resto de galerías: Nonseum, el museo de los objetos absurdos.

    Herrnbaumgarten es una pequeña localidad austríaca situada a menos de una hora de coche de Viena y muy cercana a la frontera con la República Checa cuyo principal interés turísitico es Nonseum, uno de los museos más peculiares del mundo. Creado en 1983 por dos habitantes de la ciudad, Fritz Gall y Friedl Umscheid, Nonseum nació con la misma intención conservacionista que el resto de museos, sólo que en su caso los objetos a proteger eran todos aquellos que la sociedad había desechado por absurdos. O sea, un homenaje a los inventos que, por innecesarios o por desgracia, no encontraron su hueco en el mercado y fueron a parar a algún cajón olvidado. Nonseum es ese cajón, pero en gigante.

    La idea nació en un restaurante, juran sus creadores que con alguna que otra cerveza de más, cuando vieron que la camarera le daba la vuelta a un mantel que estaba sucio para aprovecharlo por el otro lado. Fue entonces cuando las musas acudieron a visitarlos: “¿por qué no creamos un mantel de seis caras?” Por una cuestión de higiene, imaginamos, el mantel no encontró demasiados compradores, pero sirvió como promotor de una reunión informal para presentar otros objetos absurdos. Colgaron varios carteles por la ciudad y, cuando esperaban una asistencia de unas 50 personas, asistieron más de cinco mil. Era el año 1984 y, con la ayuda del gobierno, establecieron un hogar para esas ideas sin sentido.

    En enero de 2011 Nonseum celebró su visitante cien mil en una exposición que acoge varios centenares de obras de inventores fracasados. Entre los objetos favoritos del público destaca la guillotina para cortarse las uñas, un cordón para que no salte el tapón de champagne o, nuestro favorito, el “anonimizador portátil”, que no es más que un pequeño trozo de cartón negro que se coloca delante de los ojos y que se lleva a modo de paraguas para impedir (?) que te reconozcan. Así que si estás harto de visitar museos al uso o eres un Leonard da Vinci frustrado, busca apartamentos turísticos en Viena y escápate a Nonseum, donde van a morir esos objetos que nunca fueron ni serán útiles para nada.

    Escrito por David Martinez el 8 mayo, 2012 | ningún comentario
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