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    Nome, viaje a los confines de Alaska

    Situado en la punta de la remota península de Seward y frente al gélido (y en ocasiones helado) mar de Bering, Nome no  suele aparecer en la lista de lugares que visitar para la mayor parte de viajeros del mundo. Y sin embargo, se trata de un lugar lleno de atractivos y dotado de un magnetismo especial, siempre que uno esté dispuesto a volar hasta la lejana Alaska y a soportar bajas temperaturas.

    La civilización y sus comodidades se acaban aquí. En Nome hay hoteles y servicios para turistas, pero más allá solo está la tundra, el hielo, el desierto. Sus paisajes espectaculares son el escenario de aventuras y competiciones deportivas, como la famosa carrera de trineo Iditarod Trail Sled.

    Hablar de Nome es hablar de la fiebre del oro en Alaska, destino de miles de aventureros y buscavidas que fueron a parar allí a principios del siglo XX en busca de su sueño dorado. Aún hoy hay muchos habitantes de la zona que dedican parte de su tiempo a rastrear la región y buscar el preciado metal con modernos equipos.

    Pero la verdad es que en la actualidad el turismo es la mayor industria de Nome. Parece increíble pero son muchos los que acuden a esta lejana tierra en verano para disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor, ver renos y osos polares o disfrutar de la magia de la aurora boreal, entre otras cosas. También los hay que llegan en busca de ovnis, pues la ciudad tiene, al parecer, un largo historial ufológico.

    La forma más sencilla de llegar a Nome es volar desde el aeropuerto de Anchorage, en el sur de Alaska. El vuelo dura hora y media. Una vez allí, el viajero inquieto tiene la oportunidad de adentrarse en territorios salvajes e ignotos poblados de bosques interminables, grandes ríos, playas salvajes y fauna del ártico.

    Fotos vía: alaska.org

    Escrito por Daniel Terrasa el 6 noviembre, 2017 | ningún comentario
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