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NO al Toro de la Vega

brutalidadHan pasado solamente dos días pero seguimos con la misma rabia. Un año más, los vecinos de Tordesillas (Valladolid) rodean y matan a un toro de la manera más fría posible. Espectáculos como este no deberían permitirse, ni deberían ser protagonistas de artículos como el siguiente. Pero queremos seguir diciendo “¡No!” a esta brutalidad.

Puede ser que este post sea contraproducente: de hecho, el torneo del Toro de la Vega se ha hecho más famoso tras recibir incontables críticas. Estas se remontan al año 1954, así se recoge en Wikipedia: “Tras la difusión en el No-Do de unas impactantes imágenes del espectáculo que sensibilizaron a destacados colectivos y personalidades comprometidos con la defensa de los animales, se inició una polémica que duraría años. A partir de 1956, la Asociación contra la Crueldad en los Espectáculos (ACCE), la Sociedad Protectora de Animales y Plantas, algunos medios de comunicación y el ministro plenipotenciario y jefe de Información del Ministerio de Asuntos Exteriores, Carlos Arcos y Cuadra, emprendieron una campaña a favor de la suspensión del Toro de la Vega. En 1966, a cambio de no suspender el espectáculo, una decisión del gobierno de Francisco Franco prohibió el rejoneo del toro en campo abierto para darle muerte. En 1970, bajo la influencia de personalidades como Gregorio Marañón, presidente de las Semanas Internacionales del Toro de Lidia de Salamanca, y Antolín de Santiago Juárez, subdirector general de Cultura Popular y Espectáculos, se volvió a autorizar el torneo en su modalidad «tradicional»”.

Durante este evento, que se convierte en un espectáculo para los visitantes y vecinos, se alancea un toro hasta que muere, llevándolo fuera del pueblo. Es curioso el hecho de que puedan llegar a existir una serie de ordenanzas que regulen un asesinato de estas características:

Art. 28.- El alanceamiento del toro, deberá ser a cuerpo limpio, sin ningún tipo de engaño y en la salida o huida del lancero no deberá haber ninguna defensa u obstáculo artificial que beneficie al lancero para su posible cobijo.
Art. 29. – Se intentará el orden en la lidia, respetando al primer lancero que haya osado alancear al toro. El vencedor será el que procure al toro la lanzada más certera, valiosa y grave. Siempre bajo la idea de que lo más importante es la calidad y no la gravedad de dicha lanzada.
Art. 30. – Queda terminantemente prohibido alancear premeditadamente al toro con el fin de no matarlo, sino mermarle sus facultades físicas. Si así ocurriera, el jurado emprenderá las medidas necesarias sobre dicho lancero.
Art. 31. – Queda terminantemente prohibido alancear al toro después de haber doblado, respetándolo así hasta su muerte.
Art. 32.- En el lugar de la muerte habrá una persona cualificada para apuntillar al toro.
Art. 41. – Ningún lancero sea de a pie o de a caballo deberá arrojar la lanza al toro con la intención de herirle con el fin de mermar sus facultades. Igualmente, se prohíbe a todos los torneantes arrojar piedras ni otros objetos que puedan dañar al toro. En el caso de hacerlo serían sancionados.

“¿Respetándolo hasta su muerte?” No nos quedan palabras.

Escrito por Marta Rosella Gisbert el 13 septiembre, 2012 | ningún comentario
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