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    Niza: en busca de Madame Socca

    La primera vez que viajé a Niza lo hice con unas instrucciones muy precisas que me había dictado Magali, una orgullosa nativa de esta hermosa ciudad francesa: no podía irme sin probar la socca, y la más deliciosa de todas no la encontraría en ningún restaurante, sino en la calle. Tenía que encontrar a Madame Socca.

    ¿Pero qué es la socca? Se trata de una especialidad de la Costa Azul, una torta hecha con harina de garbanzos y aceite de oliva, parecida a la farinata italiana. Se cocina sobre una gran plancha redonda de hierro fundido, como si fuera una crêpe, y se come con los dedos.

    Siguiendo las indicaciones de Magali dejé atrás el turístico y luminoso paseo marítimo de la ciudad, la Promenade des Anglais, para internarme en las oscuras y no siempre limpias calles de la parte vieja de Niza, la que llaman vieille ville. Obediente, ignoré los carteles de las tabernas y los restaurantes y me dirigí al paseo Cours Saleya, siempre lleno de vendedores ambulantes.

    Recorrí la plaza arriba y abajo sin éxito. Justo cuando estaba a punto de tirar la toalla una mujer pequeña, morena y malcarada se me acercó por la espalda y sin mirarme a la cara me preguntó: cherchez quoi?

    Tenía un pitillo en la boca y la cara excesivamente maquillada pero un aire de gran dignidad. Solo acerté a decir “La Socca” con torpeza.  Era la contraseña correcta. Con un gesto de la mano me indicó que la siguiera. De repente me sentí como si estuviera haciendo algo ilegal o como si me hubiera metido en una película de espías.

    Madame Socca me condujo a un rincón de la plaza bajo unos árboles. Allí tenía montado su chiringuito: un horno, una mesa plegable, varios números arrugados de L´Équipe. Sin darme cuenta, estaba haciendo cola disciplinadamente junto a una decena de personas que como yo esperaban su turno para probar el manjar que Madame Socca, cigarrillo en boca, cocinaba con aire indiferente.

    Mi porción llegó envuelta en una hoja de periódico, aromática y humeante. Solo tardé unos segundos en engullir la  delicia mientras paseaba por Cours Saleya. Cuando levanté la vista vi a Madame Socca apoyada en el árbol, fumando impasible, con la mirada perdida, esperando a reunir a otro nuevo contingente de turistas mientras la plancha se calentaba.

    fotos via: Daniel Terrasa, annmah.net

    Escrito por Daniel Terrasa el 15 enero, 2012 | 3 comentarios
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    Carta de Embarque (@InfoCde) (@InfoCde) | 15 de enero de 2012 | 1:28 am

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    Daniel Terrasa (@danielterrasa) (@danielterrasa) | 15 de enero de 2012 | 12:29 pm

    Niza: en busca de Madame Socca http://t.co/oDBZ1i2T vía @canalviajes

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