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    Menorca, día 1

    puerto Ciutadella Escogimos el barco. Barcelona-Ciutadella (Menorca). No recuerdo cuándo fue la primera vez que subí en uno, pero sí era consciente de que el de Menorca era el viaje más largo por mar que hacía en toda mi vida. La noche de antes estaba emocionada. He leído mucho sobre piratas y sirenas. Será por eso.

    Después de zarpar desde Barcelona, y tras dos horas de más de viaje, llegamos a Ciutadella. Del puerto al hostal tuvimos que coger un taxi, pero valió la pena: el hotel Menurka está en el centro del municipio. No tiene ascensor, pero el ambiente familiar y los precios más “económicos” compensan la caminata a pies con la maleta (por cierto, estábamos en el último piso).

    Hasta el día siguiente no pudimos saborear Ciutadella (y su exquisita bollería). Las calles del casco viejo parece que te abracen, como si quisieran darte ese calor y cobijo que cada turista busca a su manera. En agosto, hay pocos rincones para disfrutar de la soledad, pero Ciutadella mantiene su esencia original: desde bares genuinos para tomar una copa (el Café des Museu) hasta el puerto. Un puerto pequeño (las grandes embarcaciones atracan en el otro, más grande), acogedor, como recién salido de un cuadro impresionista.

    También por ser verano, pudimos disfrutar de los mercadillos al aire libre, de los conciertos en las plazas escondidas. Sin duda, el sitio estrella es El hogar del pollo: tapas/platos riquísimos a un precio muy aceptable, con un servicio inmejorable.

    Seguiremos descubriendo esta maravillosa isla, poquito a poco.

    Escrito por Marta Rosella Gisbert el 9 septiembre, 2012 | ningún comentario
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