Viajes

Matakana, isla de maoríes

Viajar a un lugar es sumergirse también en su cultura, en su identidad y en sus orígenes. Por ello, cuando viajamos a Nueva Zelanda, adentrarnos en la cultura maorí es conocer mejor el lugar que estamos visitando. A lo largo de las dos islas que componen el país existen pequeñas reservas maoríes donde viven comunidades con sus leyes y sus tierras.

Una de las reservas maorí más grandes del país se situa en el pequeño islote de Matakana, al norte de la isla norte. Una superficie terrestre de veinte kilómetros de largo en medio del Pacífico que protege  la entrada al puerto de Tauranga y se extiende desde Athenree a Mount Maunganui. De forma alargada y estrecha, se diferencia claramente en dos áreas, una donde se ubican las plantaciones forestales que explotan de forma sostenible las pocas familias que habitan el lugar, y en el otro, encontramos las pequeñas granjas familiares con sus huertos, el centro social, el colegio y como no, el campo de rugby, deporte por excelencia de los maories. La vegetación y naturaleza salvaje es el denominante común de la isla, donde los años y el paso del ser humano parecen no haber hecho mella. Un autentico remanso de paz que sientes desde que pones el pie en el atracadero.

Existen numerosas formas de conocer la isla y recorrerla, existen algunas empresas locales que realizan excursiones en bicicleta, caballo o en caravanas.  Con un poco de suerte en alguna celebración local podemos disfrutar del espectáculo de ver en directo a auténticos niños maories caracterizados con pinturas, realizar su antigua danza de guerra “Haka”, famosa por la selección de rugby de Nueva Zelanda “All Blacks” que la realizan antes de cada partido. Otra de las cosas que no podemos irnos sin haber hecho en Matakana, es degustar sus asados de ternera cocinados en hornos excavados en la tierra.

Matakana además, es muy famosa entre los surferos por la gran playa larga de arena blanca. Los surferos que pueden dirigirse hasta la isla con algunos de los taxis acuáticos o remando desde del puerto de Tauranga. Esta playa no es solo conocida entre los amantes de las olas, ya que es un lugar de anidación de muchas aves marinas. Diversión, naturaleza extrema y cultura exótica, en una pequeña isla en nuestras antípodas. Lejos, pero al fin y al cabo, debajo de nuestros pies.

 

Fotografías vía: AntonioRobredo (@arobredo)

Escrito por Antonio Robredo el 10 septiembre, 2012 | ningún comentario
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