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    Malta, ir en autocar nunca fue tan cómodo

    autocar

    Cuando se va de viaje, sobre todo en modo ahorrador, generalmente lo que menos importa es cómo llegar al destino, siempre que sea barato. Y, una vez allí, todavía preocupa menos cómo desplazarse, teniendo siempre a mano el gran recurso por excelencia: un par de piernas. Lo imprescindible es llegar (sano y salvo, eso sí). Pero Malta is different, el transporte cuenta, y mucho. Los autocares legendarios del país, que recuerdan a aquellos británicos de los años cincuenta y sesenta, son una de las mayores atracciones turísticas del lugar. Como describimos algunos y algunas que hemos estado allí, es como un viaje, un regreso, al pasado.

    Son inconfundibles. De color amarillo y naranja. Inundan las calles, siendo el medio más económico y mejor organizado del lugar. Los autocares, autobuses, malteses están cargados de gratas sorpresas. Al principio, pueden no inspirar mucha confianza; su frágil estructura nos hace pensar que el vehículo va a romperse cuando menos lo esperemos. El segundo prejuicio viene cuando conocemos al conductor, que muchas veces tiene mucha prisa o no dispone de cambio. Cuando el autocar arranca, hay un momento de pánico provocado por la velocidad, a veces desmedida, que adquiere el asunto. Pero, como con la mayoría de las costumbres autóctonas de un país, todo es acostumbrarse.

    El viaje comienza a través de los ojos. La estética interna del autocar viste de acuerdo a su edad. Diversos asientos marrones cubiertos con algún tapizado modesto, siempre sin salirse de la gama cromática. Multitud de personas intentan hacerse con alguno de estos incómodos sitios para reposar sus espaldas momentáneamente, aunque más de la mitad desiste. Y entonces, cuando la falta de aire acondicionado empieza a no solo notarse, sino a hacerse insostenible, empieza el espectáculo. El conductor decide subir el volumen de la radio. El autocar se convierte en una discoteca diurna con aires de karaoke. Los pasajeros, ya sean turistas o malteses, empiezan a tararear, parafrasear o cantar algunos de los que fueron, en su época, grandes hits y que ahora vuelven a estar de moda. La situación sonaría tal que así de fondo: Twist and shout.

    La aventura termina, para tristeza de los curiosos, cuando se llega a la parada deseada. Para indicar este propósito, hay que desenrollar un cordón situado en el techo y tirar con fuerza de él. Eso sí; solo se debe tocar una vez, pues en caso contrario algunos conductores pueden reaccionar mal.

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    Escrito por Marta Rosella Gisbert el 19 enero, 2012 | ningún comentario
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