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    Los cuervos de la Torre de Londres

    Durante siglos, la histórica Torre de Londres situada en la orilla norte del río Támesis, ha sido custodiada por unos curiosos guardianes: los cuervos. Estas criaturas aladas son en realidad auténticos privilegiados: son cuidados y examinados regularmente por un equipo de veterinarios y alimentados con carne de primera calidad comprada en el cercano Smithfield Market. Eso sí: son prisioneros en una cárcel de oro, pues no pueden abandonar la torre jamás. Y no se trata de un capricho, sino de una cuestión de Estado.

    Hay una explicación, aunque no demasiado racional: existe la creencia de que el día que los cuervos se vayan, la Torre de Londres caerá para siempre, y con ella también lo hará la Monarquía Británica.

    Dice la tradición que los cuervos salvajes llegaron por primera vez a la torre atraídos por el olor de los cadáveres de los enemigos de la Corona que eran ajusticiados allí. La idea de mantener cautivas a estas aves allí para preservar el futuro de la Corona se remonta a la época del rey Carlos II, que reinó entre 1660 y 1685. Quien sugirió esta práctica habría sido el astrónomo real, John Flamsteed, que consiguió preocupar al rey hasta el punto de convertir a los cuervos en animales protegidos.

    Ya sea por superstición o por simple tradición, hoy en día se siguen al pie de la letra la sindicaciones de Flamsteed y se procura que siempre haya, al menos, seis cuervos viviendo en la Torre de Londres.

    Para que los cuervos permanezcan allí sus alas son debidamente recortadas, privándoles así de su capacidad de volar. Esta práctica irrita a los defensores de los derechos de los animales, si bien hay que tener en cuenta también que estas aves llevan una existencia muy agradable, con una dieta rica y variada y con una atención médica que ya querrían tener muchas personas.

    Fotos vía: gounesco.com

    Escrito por Daniel Terrasa el 9 junio, 2017 | ningún comentario
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