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La Ruta de los Romanov en Rusia: entre la grandeza y la tragedia

Ipatiev

El trágico final de la dinastía de los Romanov, los zares de Rusia, es uno de los episodios más terribles del siglo XX. Episodio cuyas huellas podemos seguir hoy, cien años, a lo largo y ancho de la inmensidad de las estepas rusas. Una aventura fascinante.

Nuestro viaje empieza en Kostroma, a seis horas en tren al noreste de Moscú. la pequeña localidad de donde proceden los Romanov. Allí brillan las cúpulas doradas del Monasterio Ipatiev, a orilla del río, como se muestra en la foto que encabeza el post. A principios del siglo XVII Mihail Romanov se convirtió en el zar liberando Rusia de los invasores suecos, polacos, cosacos y tártaros.

Kremlin

Y eso nos lleva a la próxima parada: Moscú, concretamente a la fortaleza del Kremlin. En su interior  las salas palaciegas aparecen decoradas con frescos renacentistas que hacen las delicias de los visitantes. El actual morador de estas estancias es Vladimir Putin. Por razones de seguridad solo está permitido visitar algunas de ellas.

El Gran Palacio del Kremlin, que corona la fortaleza, se lo debemos al zar Nicolás I, que mandó construirlo en el siglo XIX. En su museo hay una curiosa exposición de las botas y abrigos de Pedro el Grande, los vestidos de la emperatriz Catalina la Grande, entre otras cosas.

peterhof

Pero la historia y el mito de los Romanov gira en torno a una ciudad maravillosa: San Petersburgo. con sus anchas avenidas, sus palacios, sus puentes y sus canales. La magna obra de Pedro el Grande.

En la Catedral yacen enterrados Pedro y todos los Romanov (excepto Pedro II, cuyos restos descansan en el Kremlin).

Mikhailovsky

A las afueras de la ciudad se encuentra el palacio barroco de Peterhof, a orillas del Golfo de Finlandia. El diseño, incluidas sus espectaculares fuentes, está inspirado en Versalles. Peterhof fue el hogar favorito del zar Nicolás I.

Emulando al emperador romano Augusto, Catalina la Grande (1729-1796) se jactaba de haber encontrado en San Petersburgo una ciudad de madera y hacer de ella una ciudad de mármol. Un pequeño ejemplos de su obra es el palacio que construyó para su amante, el príncipe Orlov. Pero fue su sucesor, el zar Pablo, el constructor del Castillo de Mijailovski, que podemos admirar en la imagen de arriba.

 

Después de la Revolución de 1917, los Romanov fueron deportados a Tobolsk y luego a Ekaterimburgo, en los Urales. En 1918 todos ellos fueron asesinados en la Casa Ipatiev y enterrados en el bosque. Aquel fue el punto final de la dinastía. La Catedral de la Sangre Derramada fue levantada en 2003 como homenaje póstumo.

Fotos vía: Go Travel World

Escrito por Daniel Terrasa el 26 febrero, 2016 | ningún comentario
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