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    La boca de la verdad, en Roma

    Bocca della Verità

    Lo cierto es que son muy pocos los que no conocen, a día de hoy, la imagen de la Bocca della Verità: una antigua máscara de mármol pavonazzetto que representa a una divinidad fluvial y que tiene los ojos, la nariz y la boca perforados y huecos, ubicada en la iglesia de Santa Maria in Cosmedin, en Roma. Es precisamente esta popularidad la que ha llevado al “hombre de la barba” a ser el protagonista de más de una leyenda. Una de las más extendidas se ejemplifica en la broma que Gregory Peck gasta a Audrey Hepburn en una de las escenas de Vacanze romane (“Vacaciones en Roma”).

    La historia de la Bocca della Verità, cerca del Circo romano Massimo, es uno de los mitos de la bella ciudad italiana. Su antigüedad ha llevado a más de uno a querer apropiarse de su significado. Tras la teoría de la fuente o la cloaca, los alemanes le otorgaron una fama de la cual todavía no ha logrado desprenderse: en el siglo XII, supuestamente, el diablo habló al emperador Juliano el Apóstata, y lo engañó, prometiendo que lavaría su ensuciada imagen si volvía al esplendor del paganismo.

    Lo cierto es que, curiosamente, luego se convertiría en el símbolo, la piedra, de la verdad; hasta hoy. La leyenda que la mayoría de los italianos recuerda más nítidamente data de la Edad Media, que dice que la Bocca della Verità era capaz de mostrar cuándo una mujer había sido infiel a su marido (no consta que se realizaran prácticas en el caso opuesto).

    Además, siempre queda el hueco para el imaginario infantil. Se cuenta que, igual que con las féminas que habían faltado a la verdad, los niños que se escondían entre mentiras y seguidamente metían la mano en la boca, salían mancos. Los romanos se nutren de esta leyenda que, reconocen, de pequeños les atemorizaba.

    Actualmente, la llama de estas historietas se vuelve a encender con la ilusión de cada turista que se desplaza hasta el lugar. Los autóctonos la recuerdan, pero como la mayoría de cuentos clásicos, la reservan para los más jóvenes. No siempre uno está dispuesto a ser juzgado, aunque sea metafóricamente.

    Audrey

    Escrito por Marta Rosella Gisbert el 12 enero, 2012 | 1 comentario
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    Carta de Embarque (@InfoCde) (@InfoCde) | 12 de enero de 2012 | 6:50 pm

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