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El multitudinario partido de fútbol de Carnaval de Ashbourne

Todos los años, durante el martes de Carnaval y el Miércoles de Ceniza, las calles de la localidad ingesa de Ashbourne, en el condado de Derbyshire, se convierten en un campo de batalla donde tienen lugar escenas caóticas. ¿Ha estallado la guerra? ¿La gente se ha vuelto loca? No, se trata del partido anual de hug ball, una especia de fútbol primitivo donde casi todo vale para llevar el balón hasta la portería del adversario. Un espectáculo más folclórico que deportivo y no exento de cierta dosis de brutalidad.

El campo de juego es inusalmente grande, puesto que ambas porterías están separadas por una distancia de 3 millas (casi 5 kilómetros), en los dos extremos opuestos del pueblo. La duración oficial del partido es de 16 horas repartidas en dos días, y el número de participantes ilimitado. Así es el Ashbourne Royal Shrovetide Football. Una auténtica locura.

Los orígenes de este “deporte” se remontan a la época medieval, aunque el primer documento que lo recoge data del año 1667. Según la tradición, la pelota era en realidad la cabeza cortada de un criminal que, tras su decapitación, era arrojada a la multitud. Hoy por suerte se juega el partido con una pelota de corcho que no se hunde cuando cae al río, algo que sucede con cierta frecuencia..

Los dos equipos son conocidos como los Up’Ards y los Down’Ards. El primero está formado por los vecinos que viven en la mitad norte del puebo mientras que los segundos proceden de a mitad sur. El propósito de cada equipo no es el de marcaren la portería contraria sino llevar la pelota hasta la suya.

El espectador no suele disfrutar de muchas jugadas ensayadas ni de estrategias, solo alcanza a ver un marea humana, empujones, pistones y aparatosas caídas. Por desgracia para los negocios de la ciudad, todas las calles son parte del área de juego (sólo se salvan la iglesia y el cementerio), lo cual obliga a los comerciantes a montar guardia en la puerta de sus tiendas.

Ni que decir tiene que la fiesta se salda invariablemente con un buen número de heridos. Es parte del encanto. En la edición de 1928 hubo uno realmente ilustre: el entonces Príncipe de Gales (más tarde rey Eduardo VIII), que sufrió una hemorragia nasal.

Fotos vía: The Guardian

Escrito por Daniel Terrasa el 13 febrero, 2016 | ningún comentario
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