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    El árbol solitario del Teneré

    L’Arbre du Ténéré fue el nombre que recibió una acacia solitaria perdida en mitad del desierto del Sáhara que fue una vez considerado el árbol más aislado del planeta. Este árbol solitario del Teneré es el único que se levanta a 120 km de distancia de cualquier otro árbol, tal vez el último recuerdo de los frondosos bosques que poblaron estas tierras hace miles de años.

    Este valiente árbol superviviente se convirtió en un hito para las rutas de caravanas que cruzaban el Sáhara, al noroeste del actual estado de Níger. El árbol adquirió tanta fama que el llamado Arbre Perdu aparece en algunos mapas antiguos de la región como punto de referencia de importancia capital para quienes se adentraban en las peligrosas dunas del desierto más grande del mundo.

    Tropezar con el único árbol del desierto

    Un aciago día de 1973, un camionero ebrio chocó contra el árbol y lo echó abajo. ¡Chocar contra el único árbol del desierto! Mala suerte o mala intención, no se sabe, pero el hecho fue muy lamentado por muchos.  El árbol muerto fue trasladado al Museo Nacional de Níger, que situado en su capital, Niamey.

    En el lugar donde una vez se levantó este árbol se colocó una fea estructura metálica que representa a un árbol. No es lo mismo, ni mucho menos, pero sirve como pequeño homenaje.

    El mito, no obstante, sigue vivo y todavía son muchos los que creen que las raíces de aquella acacia tenían una profundidad de más de 40 metros que le permitían llegar a las aguas del acuífero que se ocultaba en las entrañas del desierto.

    Un faro en mitad de la nada

    El militar francés Michel Lesourd, que pasó por estas tierras en el año 1939, quedó fascinado cuando se encontró por primera vez con aquella acacia solitaria rodeada de tanta desolación. No pudo dejar de preguntarse por qué los hambrientos camellos no se comían sus hojas y los touareg no usaban sus ramas para hacer leña y obtener el fuego con el que preparar té.

    La única respuesta que encontró es que se trataba algo más que de un árbol. Era en realidad un faro en mitad de la nada, un símbolo mágico de la fuerza de la naturaleza  en torno al cual se reunían los caravaneros antes de emprender la travesía por el temible desierto del Teneré. Hasta que un camionero borracho acabó con él.

    Fotos vía:

    Escrito por Daniel Terrasa el 20 noviembre, 2012 | ningún comentario
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