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    Con vistas a… La cárcel de Roma se llena de color

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    Hoy os traemos una entrevista muy especial. Se trata de un viaje interior que hay que hacer con extrema cautela, de manera virtual, ya que es a una cárcel. Mezclamos un Con vistas a con Viajes y arte… Bienvenidos al particular mundo de los presos del Módulo de Máxima Seguridad de la Cárcel de Rebibbia, en Roma. Por favor, pasen y conozcan uno de los corazones menos conocidos de la capital italiana.

    El arte vive del aire, necesita respirar libertad para continuar existiendo. De igual manera, la predisposición a desarrollarlo. Si encerramos el deseo de dar rienda suelta a nuestra imaginación en una jaula, encontrará una rendija por la que escaparse. Porque igual de importante es experimentar sentimientos como el desahogo a causa de un mal día(s), o el amor propio de superhéroe derivado de coger un pincel en un momento de inspiración, que poder y saber canalizarlos. El pasado 14 de marzo se estrenaba en Roma la película documental de LADA film A.S. Rebibbia. Un testimonio del proyecto de arte mural impulsado por la asociación Walls junto con los presos del Módulo de Máxima Seguridad de la Cárcel de Rebibbia, en Roma, en el que también han participado l’Associazione La Rondine y Rubiklab, además dell’Ufficio del Garante dei Diritti dei detenuti della Regione Lazio y la UISP. El objetivo del proyecto, que ha tenido tres fases, ha sido incrementar el nivel de habitabilidad en los espacios comunes. Un grupo de voluntarios de entre los detenidos ha pintado las paredes de algunas zonas comunes, como la cancha de fútbol. La decoración es abstracta; el color es el verdadero protagonista, el sujeto real. ¿Qué habrá cambiado en ese espacio hasta entonces gris? A las siguientes preguntas sobre esta preciosa, humana y catártica iniciativa nos responden Simone Palotta (Walls), el comisario artístico del proyecto, y Massimiliano Vana (LADA film), el director del documental. Estamos deseando que presenten el film en Barcelona; ya nos han prometido que será pronto. Entrevista por Marta Rosella

    ¿Qué criterio (si es que ha habido alguno en este sentido) se escogió a la hora de seleccionar a los detenidos que formarían parte del proyecto? Todos los detenidos han participado de manera voluntaria. Una vez que se les presentó el proyecto, en una reunión entre ellos eligieron a 25 personas en total, de las cuales 15 participaron en todas las fases. En las diferentes fases del proyecto (tres han sido), se han intentado potenciar distintas particularidades del arte, nos atreveríamos a decir: abstracción, surrealismo, texturas… Las tres fases han sido un encuentro entre un artista externo y los detenidos (junio 2010- Matteo Milaneschi, julio 2011 – Agostino Iacurci, noviembre 2011 – Agostino Iacurci). Cada una de las tres fases ha venido marcada por el tipo del espacio de trabajo (el pasillo de entrada, la cancha de volley y la cancha de fútbol) y el momento. En la primera fase, trabajamos sobre el pasillo que lleva a los diferentes espacios externos y, además, al ser el primer encuentro entre el artista y los detenidos, propusimos tres proyectos abstractos. En este caso, tanto el diseño como la manera de realizarlo fueron ideados por nosotros. El tipo de trabajo fue un híbrido entre lo geométrico y lo figurativo. Como primer intento se pensó en algo alejado de un tipo de representación realística o narrativa, que hubiera podido resultar débil. Los 19 colores son un universo emocional que cada día uno puede mirar de manera distinta, y el elemento figurativo sirve para enganchar hasta al ojo menos acostumbrado a mirar arte abstracto (la composición geométrica es como un cometa llevado por una figurita de niño). La segunda intervención tuvo un aire totalmente onírico, se quiso dar a los detenidos una herramienta nueva para disfrutar del arte y potenciar la fantasía. Seres humanos, animales, paisajes con los que tener una relación más fuerte que con algo abstracto y poder pensar en otros mundos. La tercera obra es un diálogo con el artista creada por los mismos detenidos. El espacio ha sido el motor fundamental de la propuesta, el fútbol como oportunidad social de unión. Los colores de todos los equipos italianos juntos en una pancarta abstracta ayudan a la idea de compartir algo fuerte y, a su vez, llevan la idea de unión entre gente forzada a estar junta, gente que proviene de lugares y realidades muy distintas.

    ¿Por qué incentiváis un arte que huye del realismo? ¿Ayuda a la catarsis? En las primeras dos fases y sus diseños se ha buscado el efecto de “perdición”, debido al hecho de que no es posible reconocerse en nada de lo que se observa. Esto hace que se pierdan los propios referentes mentales y culturales, y que se estimule un proceso nuevo de crecimiento intelectual. La imaginación sirve para olvidarse de la realidad concreta y sentirse libre de desarrollar nuevos pensamientos. En la última fase, en cambio, se hace todo lo contrario: la inspiración viene del lugar concreto, la cancha de fútbol, y se usa este concepto de unión para reforzar la posibilidad de compartir algo, siendo los participantes del proyecto gente muy distinta y de partes muy diversas de Italia. Una catarsis social.

    ¿Por qué tiene tanto sentido y poder el color en vuestro proyecto? La ausencia de color crea un estado de debilidad mental. En el documental un detenido afirma preocupado: “El color es vida, ¿no? ¡La cárcel es gris!”. En general, las estructuras públicas están muy poco interesadas en la importancia del color. Seguramente es más importante para nosotros el contenido de las obras y el recorrido intelectual posible a través del dialogo con el artista. Decorar es importante pero no tiene efecto a largo plazo.

    ¿Ha sido el arte para estos reclusos un refugio, un respiro, un modo de redimirse? (un castigo seguro que no) En esta experiencia, el encuentro con el arte ha hecho que los detenidos empiecen a interesarse por el presente y no solamente por su pasado antes de la cárcel y por un futuro fuera de ella. Un presente concreto y con un sentido. Un presente activo en el que uno puede intentar desarrollar algo personal. Un respiro que, encerrados en su celda, normalmente les falta, ha sido casi oxígeno… en sus días siempre iguales (también para los trabajadores de la cárcel). El color y el trabajo artístico restituye una identidad al detenido que, gracias a una actividad concreta, reorganiza los roles de la comunidad en la que forzadamente vive. Acostumbrados a repetir cada día las mismas acciones, las personas pierden la esperanza de un presente, pierden el gusto del presente. El presente es donde deberían trabajar más, en vez de estar como congelados. Estos proyectos reactivan algo entre ellos, algo humano y especial, y también el ambiente en toda la cárcel; la relación con los guardias, mejora. Dicen los detenidos que, cuanto más duro se les trate, más duros se les encontrará. Si están dentro es por algo, pero por algo también tendrán que salir algún día, o por algo se debe intentar que salgan y que sean mejores personas. Creemos que estos momentos ayudan a que no se pierda el ser humano, más bien a que se reencuentre. Somos un enlace con el mundo de fuera, una señal que les indica que este no está tan lejos.

    Si el arte cambia la visión subjetiva del mundo… ¿ayudaría a perdonar hasta el más cruel de los crímenes? El arte no puede considerarse una herramienta de redención. Esto es un trabajo personal y muy complejo. El arte puede ser visto como etapa de un descubrimiento de este proceso personal.

    ¿El arte tiene límites? ¿Y el ser humano debería tenerlos? El arte ayuda a pensar que no hay límites o, por lo menos, que se pueden mover. Todo esto ayuda a sentirse más libres, a abrir nuevos horizontes. Si hay verdadera búsqueda artística, se pueden romper los límites mentales y, con ellos, algunos de los límites materiales asociados.

    Si hubiera más arte… ¿habría menos maldad? La creatividad y la imaginación pueden sugerir que existen otras formas de vivir y pensar. El crimen nace de la falta de perspectivas, alternativas y, muchas veces, de la ignorancia. El arte como forma de cultura y nuevos conocimientos lucha contra esta dimensión. A lo mejor el arte que se vive como un hecho más cotidiano abre la cabeza y estimula la búsqueda de otras posibilidades.

    ¿Qué ha cambiado en la cárcel desde que la habéis coloreado? Nada ha cambiado de manera profunda. Solamente una nueva conciencia en los ojos de quien observa ahora cosas nuevas y distintas. Una alternativa visual que, esperamos, se vuelva también una alternativa material. Algo que estimule la voluntad de cambiar y la evolución cultural.

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    fotos de Achille Filipponi

    Escrito por Marta Rosella Gisbert el 9 mayo, 2012 | 1 comentario
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    Margarita Waló | 19 de octubre de 2012 | 11:19 pm

    Fantastico!!!!!

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