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    Con vistas a… JR: arte callejero-viajero

    providencia
    El arte, como las palabras, se lo lleva el viento: pero queda la esencia. Parece ser que el movimiento de masa de aire y la lluvia son los únicos que pueden con su trabajo, que ha recorrido muchos rincones del planeta (Barcelona, Oriente Medio, Rio de Janeiro). Es un amante de los retratos, aunque no le valen las sonrisas; cree que no dicen demasiado de uno mismo. Con tan solo quince años, ya estaba dando guerra de la buena por las calles. Usaba la ciudad como un canvas, pero todavía no pretendía cambiar el mundo. JR continúa siendo bastante modesto en este sentido, a pesar de que es uno de los más grandes del mundo street art que existen. El año pasado, ganó el TED prize. Él fue el primer sorprendido. Le preguntaron cuál era su deseo. El francés dijo lo siguiente: “Espero que defendáis lo que os preocupa participando en un proyecto de arte global, y que juntos podamos poner el mundo… Inside Out (de adentro hacia afuera, del revés, sería)”. Y hoy es el día para aplicar su idea. Pillamos a JR y charlamos con él en la acción vinculada a este trabajo que se organizó en Barcelona el pasado mes de febrero. Desde entonces, las paredes no han parado de gritar. Escuchamos al culpable.

    “Lo importante es lo que se hace con las imágenes, lo que generan cuando se pegan, las reacciones de la gente. Nuestro objetivo es hacer arte. Detrás de cada foto hay muchas capas, muchas historias. No hay un lugar mejor en el mundo donde experimentar con Inside Out, y tampoco existe otro peor; depende siempre del uso que se haga del proyecto. Pienso que en Barcelona tuvo muy buena acogida. No hay ninguna cara ni ninguna imagen en particular que me haya impresionado más… Es el efecto que se crea a partir de esta idea. Recuerdo que algunas personas de mi proyecto anterior, al retratarlas, me preguntaban: “¿Cómo de grande será mi foto?” (risas). Woman are heroes (“Mujeres heroínas”) es un proyecto que llevé a cabo en lugares de Oriente Medio donde no había museos… Es un trabajo en el que los hombres rinden homenaje a las mujeres publicando sus fotos. A veces, en sus historias solamente había lágrimas. Tomé sus fotos (de ellas) y las pegué, simplemente. Este trabajo me hizo viajar alrededor del mundo (muchos lugares los descubrí gracias a los medios de comunicación). Por ejemplo, en 2008 me enteré de esa atrocidad que pasó en Río de Janeiro, en la primera favela de Brasil, llamada Providencia. Tres niños, tres estudiantes, fueron detenidos porque no llevaban los papeles encima. El ejército se los llevó, en vez de a la comisaría de policía, a la favela enemiga, donde fueron despedazados. Brasil, el mundo, quedó en estado de “shock”. Decidí ir a esa favela. Me encontré con una mujer y, al ver mi libro, dijo: “Tenemos hambre de cultura”. Empecé con los niños, los retraté, y pegué sus rostros en las paredes. Al día siguiente, los papeles ya tenían rasguños. Pero eso estaba bien, porque, precisamente, quería que sintieran que ese arte les pertenecía. Retraté a tres mujeres de la favela que estaban vinculadas con los tres niños asesinados (la abuela, por ejemplo). (…) Cuando nos fuimos de los diferentes lugares, las mujeres continuaron con el proyecto. Hicimos libros -pero no para venderlos-, que toda la comunidad recibía. Para conseguir uno, era necesario que lo firmara una de las mujeres.

    panoramica

    Para mí la curiosidad es lo que lleva a las personas a preguntarse el porqué de las cosas, el querer saber. Si no tenemos estas inquietudes, ¿de qué sirve todo? La curiosidad proporciona sentido. Es la que conduce a la gente a involucrarse en estos proyectos. Se vuelve deseo, necesidad, cantidad. ¿Si el pegamento puede arreglar el mundo?…(risas). Pues, lo que sé es que el arte cambia su percepción. No lo cambia en el sentido de que no puede arreglar cosas prácticas. El arte puede cambiar la forma en que vemos el mundo. Sí, un ejemplo es el proyecto Face to face, en el que retratamos a diferentes israelíes y palestinos que compartían oficio y pegamos sus imágenes en las calles, uno al lado del otro. Y no pasó nada. Además, lo curioso era que el resto de ciudadanos no sabía distinguir quién era quién.

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    De Marta Rosella G.D. para lamono magazine

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