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    Con vistas a… blancadoble’s shot: LA y Nueva York

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    Todos aquellos que hemos tenido la oportunidad de viajar a Estados Unidos hemos descubierto cuál es realmente el poder del celuloide. Los iconos del pop surrealista de las pelis, o de la historia, cobran vida y se pasean a sus anchas por las calles de Nueva York y Los Ángeles, saltando de la película sensible u otro soporte a la “real life”. Y precisamente es hasta estas dos ciudades donde ha llegado el objetivo de Noemí (la famosa blancadoble).

    Un fotógrafo capta instantes de la realidad. Pero cuando esta última ya es un mito, y la ficción se ha colado en nuestra cotidianidad, todo es difuso, y surgen dilemas. Como el de la idea de que pasear por cualquier rincón de Estados Unidos es como estar dentro de una película. Así nos lo cuenta Noemí, quien asegura que, en LA, a la gente le encanta salir en las fotos, pensando que, tal vez, ese es el primer eslabón para conseguir un papel en Hollywood. “La ciudad me fascinó, y el resultado de mi trabajo fue muy bueno”. En su viaje a LA solamente necesitó una cámara de medio formato, y atrapar a la escurridiza imaginación que se vestía de Elvis, o alegraba curiosamente al baywatch.

    Su aventura en Nueva York fue similar, asegura Noemí. Pero, en este caso, su dedo índice sufrió un ataque de compulsión: “Tuve que parar de hacer fotos porque mi compañero estaba más que harto; entendí que, en lo mío, lo mejor en los viajes es ir solo o buscar tus ratos para estar tranquilo, y así que nadie tenga que esperarte”. Noemí confiesa que fue su primer viaje importante de pareja, y nos cuenta una anécdota muy interesante: “En Brooklin me encontré con una fiesta de quinceañer@s, y pensé que era una boda. Muy espectacular. ¡Me dio muchísima rabia porque iba con un carrete de blanco y negro y las damas de honor iban todas de lila!”.

    No sabemos si, con sus fotos, Noemí logró humanizar aquel cúmulo de iconos y típicos tópicos, o si, al contrario, volvió a imprimir en ellos la huella de la ficción cinematográfica que habían perdido al escaparse al mundo real. Sea lo que fuere, las imágenes no tienen ningún desperdicio.

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