• Viajes

    7 Consejos para un viaje a la Polinesia

    Polinesia es el gran viaje soñado por muchos: parejas de recién casados, amantes del submarinismo, adinerados aventureros y viajeros en busca de la isla perfecta… Tahití, Moorea, Bora Bora, Fakarava, Huahine y las más de 130 islas que componen la Polinesia Francesa ofrecen todo lo que buscan: playas de postal, arrecifes rebosantes de vida, agua cristalina, lujo y paz. La verdad es que se trata de un viaje sin demasiadas complicaciones, salvo pagar la pequeña fortuna que vale ir al otro lado del planeta y alojarse en hoteles de ensueño, aunque nunca está de más tener en consideración unos cuantos consejos para disfrutar al máximo del tiempo que pasemos en el paraíso.

    1- No pasar de largo Tahití, la gran isla desconocida

    La mayoría de rutas por la Polinesia Francesa empiezan aterrizando en el aeropuerto internacional de Papeete, en la isla de Tahití, desde dónde se suele salir rápidamente para ir a Bora Bora, Moorea o otras islas del archipiélago.
    Error: Tahití es una isla preciosa y llena de actividades. Es el entorno ideal para iniciarse en el submarinismo en su laguna (conocida como The Aquarium), y para realizar actividades como subir en Quad, Rino o 4×4 alguna de sus montañas de más de 1.000 metros o incluso la cima del monte Orohena, de 2.241 metros, désde dónde se tienen unas vistas espectaculares de la isla, el arrecife y la vecina Moorea. Dado que Tahití es la isla mas grande del archipiélago, su exploración ofrece mayores posibilidades que en otras islas mucho mas pequeñas.

    2- Explorar el interior de las islas

    Evidentemente, el principal objetivo de viajar a Polinesia es disfrutar de sus aguas turquesas, los arrecifes, los hoteles de lujo y las playas idílicas. Pero sería una pena recorrer medio mundo para quedarse solo con una parte de lo que nos pueden ofrecer las islas. El interior de las islas es salvaje, selvático incluso, y por lo tanto es interesante conocerlo. Prácticamente todas las excursiones en Quad o 4×4 se realizan con un guía que nos irá explicando datos curiosos sobre la vegetación, los animales que han llegado a colonizar las islas, las propiedades curativas de las plantas y que frutos salvajes son comestibles: en nuestro caso comimos bayas silvestres, aguacates que nosotros mismos cogimos del árbol y flores azules con sabor a champiñón. Además de la naturaleza exuberante, el interior de las islas también ofrece visitas arqueológicas, pueblos curiosos, plantaciones de vainilla e incluso excursiones de trekking muy exigentes, como el ascenso del monte Otemanu de Bora Bora. Las vistas de la laguna desde la altura de los montes es maravillosa.

    3- Llevar una buena cámara submarina

    Acostumbrados como estamos a las playas del mediterráneo o el atlántico, dónde ver un pez es una novedad, las lagunas de Polinesia parecen sacadas del sueño de verano de un submarinista loco. No hace falta alejarse de la playa y ni siquiera separarse de la superficie del mar para ver auténticos jardines de coral, esponjas, peces de todos los colores, estrellas de mar, ostras, nudibranquios y vida submarina por todos lados. No es una exageración: es practicamente imposible ponerse unas gafas de bucear y un tubo y no ver un auténtico espectáculo debajo del agua. Además, el agua es totalmente cristalina, con más de 20 metros de visibilidad en muchos casos, por lo que es prácticamente obligado llevarse (o comprar allí) una cámara submarina y luego poder presumir de fotos rodeados de peces de colores. Hoy en día, hasta las cámaras sumergibles de usar y tirar hacen buenas fotografías, así que no hay excusa.

    4- Alquilar una barca/lancha

    Las lagunas que rodean la mayor parte de las islas de la Polinesia evitan que las grandes olas del pacífico lleguen hasta las playas, por lo que el agua está casi siempre totalmente plana, transparente y sin corrientes ni olas, por lo que es muy fácil navegar. La mayoría de hoteles tienen kayaks a disposición de los clientes, con los que se pueden dar paseos muy agradables… pero si queremos ir un poco mas lejos, en busca de la playa perfecta, o simplemente explorar o dar la vuelta a la isla, alquilar una barca es una opción muy fácil y relativamente barata. Un tour en velero tripulado puede costar entorno a los 100-120 €, alquilar una pequeña zodiac o una barca de aluminio con motor, entorno a los 30-40 €. En un lugar dónde casi cualquier punto de la costa es una postal, tener la libertad de ir y venir por mar sin mas preocupación que encontrar una palmera a dónde atar la barca, es una delicia.

    5- Prepararse para un larguísimo vuelo

    No todo podía ser bueno e idílico en un viaje a la Polinesia. Llegar significa volar casi 20.000 kilómetros, sobrevolar 3 continentes y 2 océanos. En nuestro caso, el vuelo duró unas 35 horas, escalas y esperas incluídas… Así que mas vale ir bien preparado y mentalizado o el regreso echará por la borda toda la magia de unos días en el paraíso. Las paradas para llegar a Papeete suelen ser París y Los Angeles. En nuestro caso aprovechamos para hacer una parada de dos días en la capital francesa, y no hubiese sido mala idea parar otros dos días en Los Angeles, para hacer mas ameno el trayecto. Así que ya sabéis, haceros un auténtico kit de supervivencia de largos vuelos: tapones para los oídos, antifaz, calcetines gruesos, música, videojuegos, películas, cartas, un buen libro y mucha paciencia. Y a poder ser unas pastillas para dormir del tirón 8 o 9 horas.

    6- Bucear con tiburones

    ¿Bucear con tiburones? ¿Estás de broma? ¡Voy a relajarme, no a temer por mi vida!” A nadie en su sano juicio le hace demasiada gracia la idea de nadar entre tiburones, pero la realidad es que en la Polinesia es una actividad muy habitual, segura… ¡y 100% recomendable! Primero de todo debemos aclarar de que tipo de tiburones estamos hablando: no hay tiburones peligrosos, tiburones blancos, tiburones toro ni nada por el estilo en estas islas. Los habituales son los tiburones de arrecife, que no dejan de ser carroñeros oportunistas de pequeño tamaño (metro y medio como máximo). También son comunes las mantas rayas, que son dóciles e inofensivas… e incluso diría que entrañables. Por último, para los más valientes, hay tiburones limón y tiburones martillo fuera de la laguna, que pueden verse haciendo submarinismo (yo lo hice y no pasó nada raro). No existen registros de ninguna muerte por ataque de tiburón en toda la historia de la Polinesia, y ataques leves tan solo han habido 10 desde 1951, la mayoría de ellos provocados por imprudencias. En nuestra excursión para nadar con tiburones vimos gente de todas las edades y hasta niños nadando entre ellos, y no hubo ningún problema: ellos tienen mas miedo, mantienen la distancia y solo se acercan a ver si encuentran algún trozo de sardina flotando en el agua. Es una experiencia inolvidable que todo el mundo debería vivir. Si no estáis convencidos, os animo a ir en el barco y no bajar al agua. Desde arriba podréis verlos perfectamente, ya que nadan a escasa profundidad, y quizás hasta se os quite el miedo al ver a vuestro compañeros pasándoselo bien en el agua.

    7- Salir del circuito habitual

    La ruta habitual entre los que visitan la Polinesia es Tahití, Moorea y Bora Bora. Estos tres sitios no son negociables: hay que verlos sí o sí. Pero hay más, mucho más, entre las más de 130 islas que componen la Polinesia, y se puede alargar el viaje dos o tres días más en una de las islas menos turísticas sin afectar demasiado al presupuesto, ya que no suelen los precios de las tres islas principales. En nuestro caso, visitamos la isla de Huahine, dónde pudimos ver una isla sin apenas turismo ni infraestructuras modernas. Esta isla nos permitió ver el lado mas salvaje del viaje, con una vegetación aún mas frondosa que en Tahití y un mar que nos deparó sorpresas como una manada de delfines que pasaba cada tarde frente al hotel, entre los que se podía estar en un kayak a apenas 20 metros de la orilla. Otras opciones habituales para salir de la ruta convencional son Rangiroa, Fakarava o Tikehau (paraísos del submarinismo los dos últimos). Eso sí, como he comentado, estas islas no son tan cómodas como Bora Bora o Moorea, es posible que los hoteles no sean tan lujosos (aunque son estupendos) y que haya mas mosquitos (no fumigan en estas islas), pero vale la pena.

    Escrito por Arnau Sans el 20 agosto, 2012 | 9 comentarios
    Etiquetas: , , , , , Viajes

    Arnau Sans | 20 de agosto de 2012 | 12:10 pm

    Si tenéis alguna duda sobre los consejos o sobre Polinesia, estaré encantado de responderos!

    María | 24 de agosto de 2012 | 1:14 pm

    Te felicito por esta entrada, de acuerdo con todo lo que dices y recomiendas. De hecho, mejor que muchos agentes, que no saben nada más allá del paquete establecido.

    eduardo lorca | 3 de octubre de 2013 | 5:57 pm

    hola!! una pergunta, que te pareció fakarava?? vale la pena estar unos 5 días???? relajo, playa, snorkel, kayak, relajo, playa, eso es lo que buscamos

    Hugo | 6 de marzo de 2014 | 10:06 pm

    Hola, me gustaría saber en qué parte de polinesia está todo lo de las imágenes con tiburones, buceo y saber de los costos de Hoteles si me podrían contestar.
    De antemano
    Gracias.

    Arnau Sans | 13 de junio de 2014 | 3:54 pm

    Hola Eduardo, no estuve en Fakarava, pero por experiencias de los demás creo que si vale la pena. Mi ruta fué Tahití-Moorea-Huahine-Bora Bora.

    Hugo, el buceo es en TODA la polinesia, aunque en el caso de la foto del tiburón, es de Moorea.

    David | 10 de septiembre de 2014 | 2:29 pm

    Hola estoy pensando en viajar a polonesa o Papúa Nueva Guinea y mi pregunta es si es accesible visitar tribus en la selva en polonesa o no es fácil acceder a ellas,??? Gracias

    Milena | 16 de octubre de 2014 | 4:00 am

    Hola! viajo a polinesia en febrero queria saber que lugar para vos, no tengo que dejar de visitar.. la primer foto donde es???con 20 dias me alcanza..?? muchas gracias

    pedro | 30 de diciembre de 2015 | 1:45 pm

    Arnau de donde son esas fotos exactamente? que lugar…

    Oscar | 15 de febrero de 2016 | 7:08 am

    Hola, quisiera saber si ves viable hacer por allí un turismo más rústico, sin hoteles ni lujos (más bien todo lo contrario), acampando en la selva, con una vida más cercana a los autóctonos que a los demás turistas convencionales, etc. Pensaba quizás algo a medio plazo, no unas semanas de vacaciones, sino ir varios meses, quizás comprar una barca antigua donde se pueda dormir y moverse uno a su bola, etc. Gracias!

    Déjanos tu comentario