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    La Gran Muralla China y los ladrones de piedras

    El monumentos más grande del mundo, la Gran Muralla China, es uno de esos destinos turísticos que, como se suele decir, podría morir de éxito. Las autoridades del país asiático están muy preocupadas por un fenómeno turístico que no habían previsto: las piedras que son sustraídas del monumento, el souvenir favorito de los viajeros.

    La Administración Estatal de Patrimonio Cultural de China ha puesto en marcha una campaña para combatir el problema. Hay continuas inspecciones y existe una línea telefónica de emergencia para denunciar los robos.


    No se trata de una cuestión sin importancia: la supervivencia de la Gran Muralla, que a lo largo de los siglos ha soportado terremotos, lluvias, vientos e invasiones, está ahora seriamente amenazada por el turismo. Los estragos de esta nueva forma de vandalismo son visibles a lo largo de toda la estructura.

    Con más de 21.000 kilómetros de longitud, la Gran Muralla China fue construida entre el siglo III a.C. y siglo XVII d.C. Se extiende desde la provincia de Gansu, al noroeste, hasta la de Hebei, en el norte del país. Sólo una décima parte de ella se conserva en buenas condiciones.

    Es imposible vigilar constantemente una estructura de estas dimensiones, incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en el año 1987, aunque sí se pueden establecer zonas de visita restringidas y tratar de implicar a las administraciones que gobiernan los territorios por donde discurre la muralla para su conservación. Y, por supuesto, multar con severidad a los turistas que se salten la prohibición de llevarse piedras de recuerdo.

    Fotos vía: Le Figaro

    Escrito por Daniel Terrasa el 5 agosto, 2016 | ningún comentario
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